Una vez en un cumpleaños, juntamos un montón de firmas en una servilleta para que volviera al periodismo pero ella no nos hizo caso. Lo mismo resulta cuando alguien le sugiere la conveniencia de tener teléfono celular o de hacer un blog, aunque para mí debería tener uno (un blog).
Como prueba de ello y de prepo, yo publico este mail que me mandó y que merecía ser leído por alguien más aparte de mí. Supongo que me va a perdonar.
En fin, los dejo con esta chica para quien soñar algo como que descarrila viajando en el techo de un tren de vainillas, es un sueño común, de una siesta cualquiera...
RECORTE DE MI VIDA DE PASAJERA PERPETUA
Una mañana como tantas otras me tomé el 152 (IDA). Mientras introducía una a una las monedas –que en esa época eran 8 de 10 centavos, o su equivalente en las más gordas- hice mi habitual scanning de posibles asientos a ocupar. Entonces descubrí uno que parecía ser el indicado: simple –quiero decir que era de los de la izquierda, que suelen ser los más codiciados, como si rozarse con el pasajero de al lado contagiara vaya uno a saber qué-, ni muy adelante, ni muy atrás y con la necesaria cuota de sol que permite abrir un poco la ventana y disfrutar al máximo del recorrido.
Boleto en mano –chequeando que fuera capicúa o, en todo caso, vaticinara la inicial de mi próximo pretendiente- me apuré para ocupar mi lugar antes de que algún inquieto me ganara de mano. Y entonces, cuando estaba a punto de sentarme, lo ví: en mi ángulo codiciado viajaba un pan. Francés parecía, regordete. Supongo que lo adiviné tan cómodo, que decidí buscar otra opción, y accedí a rozarme con alguien que luciera lo más sano posible.
Sin embargo, no podía dejar de pensar en el pan...lo hubiera corrido, y me sentaba!...pero, era 1 pan!!!, Qué iba a hacer?, tirarlo al piso... “LA COMIDA NO SE TIRA”...Seguía subiendo gente, y para mi sorpresa, la escena que habíamos protagonizado –el pan y yo- minutos antes, volvía a repetirse, con distintos actores. Venían decididos a destronarlo, lo miraban detenidamente, y seguían viaje...A las pocas estaciones ya no quedaban lugares sin ocupar y entonces el duelo se puso interesante. No había más alternativas; era sacar el pan, o quedarse parado. Y todavía me cuesta creerlo, pero llegué a Callao y Santa Fe y era claro ganador de la pelea.
“Danos hoy nuestro pan de cada día”, rogué a la noche. Y agradecí no haber tenido la necesidad de comérmelo...
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Arte digital: por Pablo U y Andy Warhol.
Próxima entrega: Arte de vivir solo (II).
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